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miércoles, 10 de mayo de 2023

También durante la ancianidad necesitamos disfrutar.. Por JA HERNÁNDEZ



También durante la ancianidad necesitamos disfrutar.
Es conmovedor el afán ancestral de los humanos por disfrutar de las cosas bellas y de las actividades aparentemente inútiles. El arte es, a mi juicio, una inutilidad necesaria que nos proporciona ocasiones para recrearnos con las sensaciones, emociones, imaginaciones e ideas y nos ayuda a descansar, a soñar y, a veces, a extraer los mejores jugos de los pequeños episodios de la vida.
El arte embellece la existencia humana y utilizar adornos no es, a mi juicio, una frivolidad. Todos y a cualquier edad sentimos la necesidad de disfrutar con sonidos y melodías agradables, con ritmos y con colores placenteros, con palabras bellas, repeticiones e innovaciones que adornan nuestras vidas, aplacan la tristeza, nos excitan y nos regocijan.
Y es que, además, el arte influye en la formación y en la transformación de la conciencia y a veces determina nuestra comprensión de los episodios cotidianos. ¿Cómo? Refinando nuestras percepciones y aumentando nuestra capacidad de experimentar el mundo en el que habitamos, imaginando lo que realmente no podemos ver, saborear, tocar, oír u oler.
La imaginación es una forma de pensamiento que engendra imágenes de lo posible y que también desempeña una función cognitiva de importancia fundamental. Para vivir la vida humanamente, incluso durante la ancianidad, necesitamos ejercitar todas nuestras capacidades sensitivas, imaginativas, emocionales y racionales. Texto emitido en el programa de Radio Cádiz, Hoy por Hoy Cádiz, dirigido por Carlos Alarcón, a las 13, 10, tras el boletín de las 13.

jueves, 12 de agosto de 2021

DESCANSAR CON EL CUERPO Y CON EL ESPÍRITU

Por JA HERNÁNDEZ

El verano constituye una oportunidad para disfrutar, esa aspiración universalmente ansiadas y, a veces, difícil de satisfacer. En este tiempo podemos practicar con mayor libertad el disfrute de esas actividades que son necesarias para seguir vivos, como, por ejemplo, alimentarnos, hacer deportes y descansar. En mi opinión también deberíamos aprovechar este tiempo para entrenar las sensaciones que nos proporcionan placer. Es posible que los prejuicios contra el disfrute sensorial estén determinados por aquella interpretación errónea de la ascética ampliamente predicada durante los tres últimos siglos o, quizás, por una reacción generalizada provocada por la ubicua y agresiva publicidad consumista actual, pero el hecho cierto es que, en algunos ambientes, existe una seria resistencia a valorar positivamente el disfrute de los sentidos. Quizás por eso, cuando nos referimos a la sensibilidad, solemos definirla como una facultad despojada de sus sustanciales dimensiones corporales.

El verano es el tiempo propicio, además, para cultivar la amistad, esa relación afectiva que ha de estar presente en las diferentes etapas de la vida, es una necesidad y una fuente de beneficios de elevados valores terapéuticos y cuya importancia es vital, sobre todo, en la ancianidad. Los amigos son los que, por su proximidad y por su semejanza, mejor nos comprenden aunque no tengamos que darles muchas explicaciones.


El verano nos proporciona nuevas oportunidades para disfrutar. Sí -queridas amigas y amigos- necesitamos no sólo descansar sino también disfrutar para seguir caminando, para superar el conformismo y para progresar. Todos, con independencia de la edad, de las creencias, de las posibilidades económicas e, incluso, del estado de salud, necesitamos disfrutar, gozar y deleitarnos para no desfallecer y para vencer el aburrimiento, esa desagradable sensación de desgana, de cansancio y de fastidio que nos produce la rutina. Recordemos que la palabra “aburrir” procede del verbo latino “abhorrere” que significa tener aversión a algo, y que éste deriva de “horrere” que quiere decir “erizarse”, “ponerse los pelos de punta” a consecuencia del malestar corporal que producen las ideas, las palabras y las conductas desagradables. El aburrimiento -cuya expresión externa es el bostezo- tiene, efectivamente, algo o mucho de disgusto, de fastidio, de molestia y de hastío. Descansemos y disfrutemos para, por favor, no aburrirnos.