Un nuevo concierto de la Orquesta y Coral de la UCA llenó las butacas del Falla en pleno Sábado de Pasión a pesar de los incentivos indudables que tenía el público a la misma hora en las calles que ya olían a incienso. Un concierto que comenzaba con el estreno de la compositora sanluqueña Violeta Romero. No cabe duda que ‘Jezabel y Judas’ debe contextualizarse en nuevos caminos de composición donde los tritonos, las segundas aumentadas y séptimas rehuyen del marco tradicional o convencional de la música clásica de siglos anteriores. Es una obra que puede ser sorprendente para públicos no versados en las formas compositivas del XX y XXI pero no debe dejar de subrayarse el compromiso de la UCA por facilitar el acceso a compositores y artistas locales. Una obra diferente pero que lograba su intención de transmitir esas sensaciones de la zozobra, contradicciones, cierta angustia y los intercambios anímicos de los protagonistas. Un lenguaje simbólico que el propio programa anunciaba: “La disonancia no es error: es identidad”.
Al estreno de la compositora sanluqueña seguiría lo que va a ser el preludio del año de Falla: ‘El sombrero de tres picos’. Una obra sobradamente conocida (en su versión de suite orquestal) que iría de menos a más en un comprensible aumento de la concentración tras la interpretación de la primera parte del concierto tan alejado de los esquemas habituales. En la interpretación de Falla, la orquesta, con un loable trabajo de su director Juan Manuel Madueño, iría ganando en intensidad y profundidad hasta su culminación pletórica en la ‘Danza final’ que entusiasmó al público asistente. La orquesta de la UCA demostró que está llamada a tener una participación sobresaliente en el año conmemorativo de Manuel de Falla por su madurez, brillante interpretación y capacidad para que sus partituras tengan ese acento local y refuerce la identidad que la ciudad le debe a nuestro compositor más universal y uno de los más grandes de España en la historia. Falla siempre parece sencillo por sus composiciones con esos toques y reminiscencias populares (amén de la familiaridad que ya tenemos con su obra) pero no es sencillo de interpretar en absoluto. Es un compositor que imprime matices, ecos y exigencia en pasajes que están en el límite del éxito o de desnudar las carencias de una orquesta. Pero la orquesta cumplió y con creces. Por eso entendemos que esta suite orquestal debe ser programada con asiduidad en los doce meses que viviremos más de cerca a Falla.
Y tras el descanso vendría la apoteosis del ‘Réquiem’ de Fauré (en su versión de 1900). Una obra que, por deseo de su autor, tiene características diferenciadas a lo que se puede esperar de las obras fúnebres de réquiem en la música clásica. En esta ocasión se volvió a producir esa magia de una Coral que estuvo extraordinaria y perfectamente conjuntada con la siempre eficaz soprano Lucía Millán y el barítono sanluqueño Gonzalo Ruiz (otra vez la UCA apostando por valores locales y que demuestran nuevamente que no hay que ir lejos para encontrar talento musical). Dos solistas que fueron dos bazas imprescindibles para la brillantez del resultado final de la obra.
Destacar también la oportunidad de volver a ver a Claudia Sansón (bendita familia musical, si se me permite la expresión) en el puesto de concertino que otras veces ha ocupado su hermana Lara. Una interpretación y liderazgo de las cuerdas sin fisuras, contundente y seguridad, que nos permite soñar con un futuro en que decidiesen las dos hermanas ofrecer conciertos solistas o de dúos de violín. Talento les sobra a las dos para aceptar el reto.
La dirección de Juan Manuel Madueño destacó nuevamente por un trabajo y esfuerzo encomiable por seguir haciendo crecer esta orquesta y coro asumiendo obras que elevan el nivel de ejecución y de dificultad en esa necesaria vocación pedagógica para sus miembros y para el público. Este conjunto tiene los recursos técnicos necesarios para esa progresión, si bien la exigencia de las obras debe llevar implícito el apoyo constante. Como demuestra el rector y su equipo presentes en cada oportunidad que la orquesta y coro se presentan en el Falla. Y también resaltar, en esa línea pedagógica, el acierto de los ensayos previos abiertos al público que acercan y familiarizan al público gaditano con la que es “su orquesta y coro” por antonomasia.



