Con el inicio de la operación salida de vacaciones y millones de desplazamientos por carretera en la temporada de mayor riesgo de incendios forestales, desde la Fundación CEA recuerdan a los conductores que la información puede salvar vidas. Saber cómo actuar si un incendio te sorprende en carretera es fundamental para evitar accidentes o desenlaces fatales.
Antes de salir conviene consultar el estado de las vías y la previsión meteorológica en los canales de la DGT, evitar las rutas cercanas a focos activos y llevar el móvil cargado y agua en el coche.
A partir de ahí, Fundación CEA comparte una serie de consejos prácticos para saber cómo reaccionar si te ves inmerso en una zona afectada por el fuego mientras conduces.
¿Qué hacer si te encuentras con un incendio en carretera?
1. Mantén la calma y avisa cuanto antes al 112
Evita los cambios de sentido y los frenazos bruscos, y en cuanto veas el fuego contacta con los servicios de emergencia para saber si puedes continuar. Llama al 112 o al 062 (Guardia Civil) y facilita tu ubicación lo más exacta posible.
2. No intentes atravesar las llamas ni una cortina de humo
Los coches contienen materiales inflamables y no resisten altas temperaturas: cruzar una zona en llamas puede ser letal. Tampoco cruces una cortina de humo denso, por estrecha que parezca, porque desorienta al instante, oculta la carretera y puede ahogar el motor, que necesita oxígeno para funcionar. Si el fuego corta el paso, da media vuelta en cuanto sea seguro o busca una ruta alternativa.
3. Enciende las luces
El humo reduce mucho la visibilidad. Enciende las luces de cruce y los antiniebla para ver algo más, y los intermitentes de emergencia para que tu vehículo sea visible para el resto de los conductores y para los equipos de rescate.
4. Reduce la velocidad y aumenta la distancia de seguridad
Baja el ritmo de forma progresiva y mantén una buena distancia con el coche de delante. Con el humo apenas se ve, y un frenazo repentino puede provocar un alcance en cadena.
Los mayores son las principales víctimas de las olas de calor. Según las estimaciones del sistema MoMo del Instituto de Salud Carlos III, serían más de 90% de los decesos por causas relacionadas con las altas temperaturas.
En concreto, según recoge el informe Olas de calor y personas mayores. Guía práctica para Administraciones y Centros Residenciales, elaborado por el exdirectivo de la OMS, Daniel López Acuña, para HelpAge International España, estos episodios climáticos han provocado un drástico incremento del 85% en la mortalidad relacionada en personas mayores de 65 años entre los periodos 2000-2004 y 2017-2021.
Para entender por qué este colectivo es la principal víctima de las altas temperaturas, es necesario analizar el llamado "triple riesgo convergente" que se da en este caso: el cambio climático, el envejecimiento demográfico y una urbanización deficiente. Y dentro de esta ecuación, la vulnerabilidad física juega un papel central.
Termoregulación deficiente
En concreto, explican en la guía, cuando el termómetro supera los 35-36°C, el organismo humano necesita disipar el calor interno hacia el exterior mediante mecanismos como la sudoración y la vasodilatación periférica.
Sin embargo, la biología del envejecimiento altera profundamente esta capacidad de termorregulación.
En primer lugar, las glándulas sudoríparas disminuyen tanto en número como en funcionalidad, lo que provoca que una persona mayor pueda llegar a sudar hasta un 25-30% menos que una persona joven expuesta a la misma temperatura.
Sensación de sed
Pero el factor biológico más peligroso es la denominada "hipodipsia del envejecimiento". Se trata de una alteración que deteriora el mecanismo de la sed, provocando que estas personas no sientan la necesidad de beber agua. Esto significa que pueden llegar a deshidratarse de manera severa e inadvertida sin tener siquiera esta sensación.
Adicionalmente, con la edad disminuye el porcentaje de agua corporal total, lo que merma la "reserva hídrica" disponible del organismo frente al estrés térmico. Todo esto ocurre mientras el corazón, que posee una menor reserva cardiovascular en la tercera edad, sufre un enorme nivel de estrés intentando bombear sangre hacia la piel para disipar el calor.
El cóctel letal de la polimedicación
Y a todo esto, se debe añadir el factor de la polimedicación como un multiplicador del riesgo. Las personas mayores suelen consumir múltiples fármacos para tratar patologías crónicas. No obstante, muchos de estos medicamentos interfieren de forma directa y perjudicial con la respuesta natural del cuerpo frente a las altas temperaturas.
La guía publicada por HelpAge clasifica los peligros de las interacciones farmacológicas más habituales:
Diuréticos: estos fármacos promueven una rápida pérdida de líquidos y electrolitos, lo que durante una ola de calor agrava y acelera severamente la deshidratación.
Antihipertensivos y betabloqueantes: reducen la frecuencia cardíaca y limitan la vasodilatación periférica, alterando y bloqueando la capacidad del cuerpo para disipar el calor.
Anticolinérgicos: tienen el peligroso efecto secundario de inhibir la sudoración, reduciendo o anulando el mecanismo primario de enfriamiento humano.
Antipsicóticos: poseen la capacidad de alterar la termorregulación en el sistema nervioso central, aumentando el riesgo directo de sufrir un golpe de calor.
AINEs (Antiinflamatorios) combinados con diuréticos: ante el cuadro de deshidratación que genera el calor, su uso eleva críticamente el riesgo de padecer un fracaso renal agudo.
Dada esta toxicidad, los expertos recomiendan que los profesionales revisen temporalmente las pautas de medicación de los mayores durante los picos de temperatura.
El perfil de máximo riesgo
Así, teniendo en cuenta estos factores, según la guía de HelpAge, el perfil epidemiológico de máximo riesgo corresponde a una mujer mayor de 75 años, que vive sola, padece enfermedades crónicas múltiples, está polimedicada y reside en una vivienda sin una climatización adecuada.
Y es que, las mujeres sufren una sobremortalidad específica por su mayor esperanza de vida, su mayor propensión a vivir solas en edades avanzadas, su menor masa corporal y una sudoración promedio inferior a la de los hombres.
Además, el aislamiento impide que alguien detecte a tiempo los primeros signos de un golpe de calor –como confusión mental, mareos o ausencia de sudoración– y retrasa irremediablemente la llamada a los servicios de emergencia del 112.
Las sesiones se celebrarán en la Ermita de Santa Clara los días 21 y 29 de julio, así como el 4 de agosto, todas ellas a partir de las 20:00 horas, con entrada libre hasta completar aforo.
Hoy 21 de julio, en el primer Curso de Verano CEU dedicado a defensa y sociedad, el almirante general Fernando García Sánchez, jefe del Estado Mayor de la Defensa entre 2011 y 2017, abordará el plan de rearme de la Unión Europea y sus implicaciones para España.
La tercera sesión tendrá lugar el 29 de julio y estará protagonizada por José Manuel Cansino Muñoz-Repiso, catedrático de la Universidad de Sevilla, quien ofrecerá una conferencia centrada en la economía de la defensa.
El ciclo concluirá el 4 de agosto con una mesa redonda dedicada a la cultura de seguridad y defensa en la España actual. El encuentro estará moderado por Ignacio del Cuvillo Rivero y contará con la participación de Ángel J. Umbría Baspino, Rafael Navas Renedo y Borja Montes Toscano.
Con este primer Curso de Verano, la Universidad CEU Fernando III amplía su actividad académica y cultural más allá del calendario lectivo habitual, consolidando su compromiso con la transferencia de conocimiento y el servicio a la sociedad.
La iniciativa refuerza además la presencia de la Universidad en la provincia de Cádiz y abre una nueva línea de trabajo orientada a la formación permanente, la divulgación y la creación de espacios de pensamiento y diálogo sobre los grandes retos del mundo contemporáneo.