miércoles, 18 de febrero de 2026

Vínculos, casa e identidad: el triángulo del buen envejecer

 


Envejecer no es solo una cuestión biológica. Tampoco es únicamente un asunto de salud, dependencia o servicios. 

Envejecer es, sobre todo, un proceso profundamente relacional y contextual, en el que el hogar se convierte en el escenario principal donde se despliega la autonomía, el bienestar emocional y la identidad personal.

Desde la Psicología Social y la Gerontología sabemos que las personas no envejecen en abstracto: envejecen en un lugar, rodeadas de vínculos, normas, rutinas y significados que pueden sostenerlas… o debilitarlas.

El hogar: mucho más que un “lugar donde vivir”

En los documentos clásicos de ética sociosanitaria aparece reiteradamente un concepto clave: los entornos de vida condicionan los derechos reales de las personas. Lo vemos en residencias –donde los modelos rígidos generan maltrato institucional por omisión– y también en el domicilio, cuando los apoyos son insuficientes, la red es frágil o el sistema no responde ágilmente y con calidad.

El hogar es un entorno psicosocial que articula tres dimensiones fundamentales del envejecimiento:

1. La autonomía y el control sobre la vida

El hogar no es solo un espacio físico: es la materialización del derecho a decidir. Qué hago, cuándo, cómo y con quién. En Psicología Social lo llamamos sentido de agencia.

Cuando una persona mayor puede mantener rutinas, ajustar los tiempos, organizar sus objetos o decidir el nivel de ayuda que quiere, está preservando su autonomía real, no solo la autonomía “reconocida en la ley”.

Por el contrario, cuando los apoyos domiciliarios y/o comunitarios son insuficientes –por falta de recursos, listas de espera o incompatibilidades normativas– se genera una tensión ética: se vulnera el derecho a decidir dónde y cómo envejecer, aunque nadie lo haga con mala intención. Eso también es maltrato institucional, según autores como Frederic G. Reamer o Sarah Banks, porque el daño deriva de la estructura o sistema y no del o la profesional.

2. El bienestar emocional y relacional

El hogar condensa la red de vínculos que sostiene la salud mental en la vejez:

  • La familia, que puede ser un soporte afectivo o, en determinados momentos, una fuente de fricción.
  • El vecindario, que aporta vigilancia natural, apoyo informal y presencia cotidiana.
  • El barrio, como espacio de participación, identidad y pertenencia.
  • Los y las profesionales que entran en casa, desde quienes realizan atención directa hasta coordinadores/as y gestores/as de los servicios domiciliarios sociales y sanitarios.
  • Las rutinas simbólicas, como el café de la mañana, la ventana abierta al mundo o el paseo diario, que actúan como anclajes emocionales y cognitivos.

Tal como explican Rueda y Martín (2010), el enfoque ecológico del maltrato permite comprender por qué estas relaciones importan tanto: el bienestar no depende únicamente de las características individuales de la persona mayor con necesidades de apoyos, sino de la interacción dinámica entre cuatro niveles –la persona, sus vínculos inmediatos, la comunidad y la estructura social que regula los apoyos disponibles–. Desde esta perspectiva, el hogar funciona como un ecosistema: cuando está integrado en la comunidad, cuando existen apoyos suficientes y adecuados y cuando los y las profesionales trabajan desde el buen trato, todas las capas del entorno se alinean y el bienestar emocional se multiplica, fortaleciendo la autonomía y la continuidad de la identidad personal.

Pero cuando alguna de estas capas falla –cuando falta red comunitaria, cuando la sobrecarga familiar deriva en claudicación o negligencia involuntaria o cuando el sistema público no garantiza los apoyos mínimos– el equilibrio se rompe. Entonces aparecen riesgos de soledad no deseada, deterioro emocional o indefensión aprendida, no por un único factor, sino por la acumulación de tensiones en todo el ecosistema doméstico.

3. La identidad personal y la continuidad biográfica

La identidad en la vejez no se sostiene en discursos abstractos, sino en objetos, historias y espacios.

El hogar es un ancla biográfica:

  • Fotografías,
  • Muebles,
  • Olores,
  • Colecciones,
  • Rituales cotidianos.

Es lo que Tom Kitwood llamaría soportes simbólicos de la persona, claves especialmente en situaciones de deterioro cognitivo, demencia o desorientación.

Cuando se vacía una casa para “adaptarla”, cuando se imponen cambios bruscos o cuando se obliga a una persona a mudarse contra su voluntad, se produce una quiebra simbólica que afecta directamente a la identidad. En términos éticos –y según Sarah Banks– es una vulneración de la dignidad y la autodeterminación.

Cuando el hogar se convierte en un lugar de riesgo

La literatura sobre maltrato institucional suele centrarse en residencias, pero muchos de los mecanismos se reproducen también en los domicilios:

  • Negligencia por falta de horas de atención de ayuda a domicilio,
  • Incompatibilidades legales que fuerzan institucionalizaciones no deseadas,
  • Ausencia de productos de apoyo esenciales,
  • Descoordinación entre servicios sociales y sanitarios,
  • Familias sobrecargadas o claudicadas,
  • Profesionales sin recursos ni tiempo,
  • Omisión de cuidados involuntaria.

Estas situaciones no suelen responder a una mala intención, sino a disfunciones en la organización de los apoyos y en la aplicación del marco normativo. Cuando las leyes y los procedimientos –por ejemplo, los relativos a dependencia, atención domiciliaria o coordinación sociosanitaria– no se despliegan con la intensidad o continuidad previstas, pueden generarse efectos no deseados que limitan el ejercicio real de los derechos de las personas.

El papel crucial de los vínculos

Los vínculos que atraviesan el hogar pueden ser protectores o pueden erosionar la autonomía:

Familia

  • Puede empoderar o desautorizar, ya sea de forma intencionada o por desconocimiento de las capacidades y preferencias reales de la persona.
  • Puede acompañar, pero también sobreproteger por preocupación o falta de información.
  • Puede convertirse en un agente que modula o condiciona las decisiones, por ejemplo, cuando las limitaciones de tiempo, recursos o cuidados disponibles dificultan facilitar los apoyos necesarios para que la persona permanezca en casa.

Comunidad

Las interacciones cotidianas del barrio –comercios de proximidad, vecindario atento, asociaciones, redes informales– conforman lo que en ciencias sociales se denomina capital social: el conjunto de relaciones, apoyos y normas de reciprocidad que facilitan la cooperación y evitan que la persona enfrente sola las dificultades. Tal como plantea Robert D. Putnam, estas redes generan confianza y beneficios tangibles para la vida cotidiana, fortaleciendo la cohesión y el apoyo mutuo. Este capital social actúa como un recurso protector de primer orden, asociado a menor soledad no deseada, mejor salud mental y menor deterioro funcional. No es un elemento accesorio: es una pieza estructural del ecosistema de cuidados, que complementa la acción de los servicios formales y contribuye a sostener la autonomía en el hogar.

Conclusión

El hogar no es únicamente el contexto del envejecimiento: es el eje que articula autonomía, bienestar emocional e identidad. Cuando los apoyos funcionan, el hogar es el lugar donde la vejez se acompaña de calidad de vida. Cuando fallan, el hogar puede convertirse en un escenario de vulneraciones silenciosas que el sistema no siempre sabe detectar o puede abordar.

Poner el enfoque en los vínculos –familiares, comunitarios y profesionales– permite transformar el domicilio en un espacio de derechos y de sentido, donde las personas cuidadas puedan seguir siendo quienes son, con dignidad y con voz propia.


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martes, 17 de febrero de 2026

Voluntariado y cultura como armas para dar vida a los años y combatir la soledad

 


Más flexibilidad mental, menor riesgo de deterioro cognitivo, reconocimiento social, mantenimiento de vínculos, generación de relaciones intergeneracionales, sentimiento de utilidad... Estos son sólo algunos de los beneficios que ha aportado y aporta el voluntariado cultural a los miembros de la Confederación de Aulas de la Tercera Edad (CEATE) –cerca de 1.000 participan en estos programas en toda España–. 

Así lo han trasladado los propios mayores de la organización este jueves en la 'Jornada de Voluntariado Cultural', organizada en el Museo Casa de la Moneda y que ha contado con la colaboración del Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de Madrid

Estos voluntarios, de forma completamente altruista, democratizan la cultura y la acercan a los ciudadanos a través de múltiples programas que se desarrollan en museos, jardines, iglesias, casas palacio, e incluso residencias de mayores. Unas actividades, que no sólo son esenciales para difundir la cultura española, sino que también sirven para mantenerse activo, física y mentalmente, y seguir aprendiendo a lo largo de toda la vida. Además, contribuyen a que se sientan útiles para la sociedad y ayudan también a romper prejuicios, combatir el edadismo y disminuir la sensación de soledad

viernes, 13 de febrero de 2026

 


En 2011, los Estados Miembros de la UNESCO proclamaron el 13 de febrero Día Mundial de la Radio y en 2012 la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobaron la celebración de esa jornada como día internacional de las Naciones Unidas. Se trata de un día destinado a agradecer a las emisoras las noticias que difunden, las voces que amplifican y las historias que comparten. Ahora la inteligencia artificial abre un nuevo capítulo, no solo para innovar, sino también para ahondar en el vínculo con los oyentes. Si es utilizada de forma ética, en apoyo del criterio, la creatividad y los valores de servicio público de los profesionales de la radio, la IA puede convertirse en un aliado para fortalecer la confianza del gran público. La tecnología por sí sola no genera confianza. Las emisoras de radio sí lo hacen.

jueves, 12 de febrero de 2026

UN GRAN MONUMENTO A DON MANUEL DE FALLA


  1. MOTIVACION

Suelen los pueblos honrar a sus hijos más preclados que se han distinguido por su valor en las gestas militares, o por sus méritos en el campo del deporte, de las ciencias y de las artes. Y lo suelen hacer de diversas maneras: con actos puntuales de público elogio (distinciones, medallas, discursos…), o con actuaciones de permanente reconocimiento, unas veces otorgando su nombre a una calle, a un aeropuerto a una instalación deportiva, etc., otras perpetuando su memoria con un monumento dedicado a su figura.

Un pueblo no debe olvidar a los hijos que le han dado más gloria. Un monumento es el testimonio más alto de gratitud hacia un personaje, y el mejor estímulo para seguir su ejemplo en las generaciones venideras.

Todas las ciudades se enorgullecen al exhibir ante sus visitantes lo mejor de su patrimonio histórico y artístico: catedrales, edificios nobles, museos y estatuas que recuerdan los hechos más notables de su historia y la grandeza de sus personajes más ilustres. Y esto es lo que el visitante espera y desea ver en la ciudad a la que llega. Así en Ámsterdam admirará el fastuoso monumento a Rembrandt, en Catania buscará algo que le recuerde a Bellini, en Edimburgo encontrará el monumento a Walter Scott, en Bonn admirará el gran monumento a Beethoven.

Todos los grandes músicos de la Historia cuentan con hermosos monumentos en sus ciudades de origen o de residencia: Bach en Eisenach, Beethoven en Bonn, Haendel en Halle, Schubert en Viena, Grieg en Bergen, Bartók en Budapest, Puccini en Lucca, Verdi en Roncole, Rismky-Kosakof en Moscú, etc., etc. 

También en España se han levantado importantes monumentos a los músicos más destacados: a Granados en Lérida, a Usandizaga en San Sebastián, a Bretón en Salamanca, a Chapí en Villena, a Arriaga en Bilbao, a Pau Casals en el Vendrell… 

Podemos ver que todos los pueblos muestran con orgullo ante el mundo los monumentos con que han querido honrar a sus músicos más ilustres.

CÁDIZ ha sabido ser generosa en homenajes y reconocimientos. Los numerosos visitantes que cada día llegan a muestra ciudad pueden contemplar en plazas, calles y parques numerosas estatuas que nos recuerdan a personajes que se distinguieron en diversas facetas de la actividad humana: personajes romanos, médicos ilustres, marinos destacados, políticos, hombres de letras, navieros, artistas del mundo del flamenco y hasta generales de las contiendas de la independencia americana. 

Pero cabría preguntarse si nuestra ciudad ha sido suficientemente generosa con el más grande de los gaditanos, Don Manuel de Falla.

Si nos preguntásemos por los diez españoles con más proyección internacional en todo el siglo XX nos vendrían a la mente los nombres de Pablo Picasso, Federico García Lorca, Ramón y Cajal, Joaquín Sorolla, Ortega y Gasset, Salvador Dalí … y no dudaríamos de incluir entre ellos a Don MANUEL DE FALLA.

Si nos preguntásemos por los cinco músicos más importantes de toda nuestra historia nos acordaríamos de Tomás Luis de Victoria, de Isaac Albéniz, de Enrique Granados… y, sin duda alguna de Don MANUEL DE FALLA.

Si nos preguntásemos por los tres gaditanos más ilustres de todo el siglo XX, con toda justicia diríamos que Don MANUEL DE FALLA es uno de ellos.

Cádiz, ciudad constitucional, lo proclama a los cuatro vientos con un espléndido monumento a la Constitución de 1812. Cádiz, patria del músico español más importante en muchos siglos, no tiene un monumento digno de su grandeza: tan solo un busto, - meritorio, sí, pero discreto - en un apartado rincón del Parque Genovés.

Estas consideraciones no son fruto de momentánea ocurrencia, sino de larga observación y repetida constatación. Año tras año cuando acudimos al homenaje que se suele hacer en noviembre ante la casa natal de Falla, hemos oído entre los asistentes el mismo comentario en tono de lamento: a Falla lo tenemos un poco olvidado en Cádiz.

Por todo ello, teniendo a la vista la conmemoración del 150 aniversario del nacimiento de Falla en el año que se avecina, proponemos la CREACIÓN DE UN GRAN MONUMENTO A MANUEL DE FALLA, como testimonio de perenne la admiración y orgullo de los gaditanos, y punto de obligada visita para todos los que llegan a la ciudad.

DEFINICIÓN DEL PROYECTO (ideas generales a modo de sugerencias)

- La Academia de Bellas Artes se constituye en promotor e impulsor del proyecto ante el Excmo. Ayuntamiento.
- La propuesta se presenta al Ayuntamiento de Cádiz, a quien corresponde dar su aprobación y determinar su ubicación.
- Para la financiación del monumento se debería promover la participación de cuantas instituciones, empresas y entidades financieras de nuestra ciudad, motivando y activando también la suscripción popular.

PROCESO DE EJECUCIÒN (ideas generales a modo de sugerencias)

Una comisión mixta (Ayuntamiento- Academia de Bellas Artes) “Pro Monumento a Falla” encargada de la promoción y seguimiento del proyecto, de la búsqueda de financiación, de la publicidad y actividades de propaganda, etc.


Cádiz, noviembre de 2025.
Marcelino Diez

Envejecer no es perder la memoria: así cambia el cerebro con el paso del tiempo

 



Con el paso del tiempo, el cerebro experimenta una serie de modificaciones esperables y fisiológicas, aunque se trata de un proceso lento y no uniforme.

“Entre estas modificaciones podemos incluir la lentitud a la hora de procesar la información, fallos leves de memoria, pérdida de la concentración o cambios estructurales en el cerebro”, señala la Dra. Lucía Vidorreta Ballesteros, especialista en neurología del Hospital Quirónsalud San José que, en 2026, celebrará su Centenario.

Lentitud en el procesamiento

El envejecimiento cognitivo normal conlleva cierta lentitud para procesar la información, aunque, no obstante, la capacidad de razonamiento se mantiene. Algunas manifestaciones pueden ser olvidar un nombre y recordarlo después, o perder momentáneamente el hilo de una conversación.

Hay que tener en cuenta que estos fallos pueden ser normales y suelen deberse a dificultades de recuperación, no a una pérdida real de la memoria almacenada. Mantener la concentración durante largos periodos puede resultar más difícil, sobre todo en entornos con múltiples estímulos.

Cambios estructurales leves

Con el envejecimiento normal -no patológico- se producen cambios estructurales progresivos en el cerebro, previsibles y bien estudiados. No implican necesariamente enfermedad ni deterioro cognitivo.

Disminución del volumen cerebral (atrofia leve): reducción gradual del volumen total del cerebro (corteza prefrontal, lóbulos temporales y en menor medida, parietales).

Adelgazamiento de la corteza cerebral.

Ligera reducción del volumen del hipocampo. Puede afectar a la velocidad de consolidación de la memoria, no a la memoria básica. Una atrofia marcada no es normal y debería ser estudiada.

Sin embargo, ¿por qué muchas personas envejecen bien cognitivamente?

El cerebro posee una gran capacidad de adaptación -llamada plasticidad cerebral-, de forma que puede reorganizarse, crear nuevas conexiones y compensar cambios estructurales, incluso en edades avanzadas. Este concepto, conocido como reserva cognitiva, explica por qué personas con estilos de vida activos mantienen un buen funcionamiento mental durante décadas.

No obstante, hay cambios que no forman parte del envejecimiento saludable, no son normales y por tanto requieren de valoración médica, como pueden ser, entre otros:

- Olvidar información reciente importante.

- Repetir las mismas preguntas de forma constante.

- Dificultad para orientarse en lugares conocidos.

- Problemas para realizar tareas habituales.

- Cambios significativos de personalidad o conducta.

Cuando los síntomas interfieren con la autonomía hablamos de deterioro cognitivo o de demencia, que es un proceso distinto al envejecimiento normal (OMS, 2019). La detección precoz es fundamental, por lo que es recomendable consultar con un profesional si los síntomas progresan con rapidez, la familia nota cambios relevantes o se pierde independencia en la vida diaria.

“Hay que tener en cuenta que envejecer no equivale a perder la memoria y que olvidos leves y una cierta lentitud pueden ser normales, pero lo importante es el impacto en la vida diaria. Entender el cerebro reduce el miedo y ayuda a cuidarlo mejor, por lo que una atención temprana por parte del neurólogo contribuye a un óptimo funcionamiento del sistema nervioso”, concluye la Dra. Vidorreta.