martes, 3 de noviembre de 2026

Tradiciones del Día de Todos los Santos en España


Cuando se acerca el 1 de noviembre, Día de Todos los Santos, solo vemos calabazas, fantasmas, esqueletos, telas de araña… Parece que Halloween lo ocupa todo con tradiciones importadas de Estados Unidos. Pero en España también tenemos algunas tradiciones del Día de Todos los Santos.

La primera es que 1 de noviembre es costumbre visitar el cementerio para limpiar las tumbas de nuestros seres queridos y dejarles flores frescas, especialmente crisantemos. Es un día de recuerdo.

 

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Dulces típicos

Como muchas de las festividades que celebramos en España, la comida tiene un protagonismo especial. En este caso, para Todos los Santos, no nos faltan dulces. Los más típicos son los huesos de santo, los buñuelos de viento y los panellets. Pero también podemos degustar rosquillas de anís y patatas asadas en Salamanca, borrachillos en Andalucía (roscos trenzados), rosaris en Mallorca (rosarios hechos de caramelos y azúcar) o pestiños en Jaén.

 

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El magosto o castañada

Dice la tradición gallega que las castañas simbolizaban el alma de los difuntos y que, con cada fruto ventilado en la fiesta del Magosto, un alma se libraba del purgatorio y se unía a la celebración. Entre el 1 y el 11 de noviembre se celebra esta fiesta en diversas zonas de España. Se asan las castañas en las brasas de una hoguera, solas o acompañadas de otros frutos y dulces de temporada como boniatos, higos, nueces, bellotas, granadas, dulce de membrillo, etc. Es común tiznarse la cara con los restos de la hoguera o saltar las llamas, ya que trae suerte.

 

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Ritos por toda España

En muchos pueblos y ciudades de España recuerdan a sus difuntos de muchas formas. En muchos lugares, colocan en las casas velas o luces para iluminar el camino de las almas de sus difuntos.

En Begíjar (Jaén), entre el 31 de octubre y el 2 de noviembre, los jóvenes salen con cazuelas de gachas a la calle para tapar con ellas las cerraduras de las casas e impedir la entrada a los malos espíritus.

En Canarias recuerdan de otra manera a los que se han ido. El 2 de noviembre celebran Los Finaos, donde las familias se reúnen y cuentan historias de los parientes fallecidos, mientras comparten dulces típicos de estos días.

En Zamora, las Cofradías de las Ánimas organizan procesiones el 1 de noviembre por los cementerios locales, acompañándose de velas para guiar a los muertos y rezando el rosario.

En Tajueco (Soria) se celebra el Ritual de las Ánimas: una procesión encabezada por el sacerdote en la que marchan dos grupos, casados y solteros, quienes van coreando las estrofas del cántico a las ánimas. El toque de muertos de las campanas acompaña al vecindario durante todo el proceso.

En Cocentaina (Alicante), se celebra la Fira de Tots Sants, que tiene lugar desde 1326. Esta feria de difuntos fue declarada de interés turístico nacional porque concentra a más de 800.000 personas en tres o cuatro días.


10 DE NOVIEMBRE A LAS 20H Ópera Carmen - Directo desde The Royal Ballet. EN LOS CINES DEL CORTE INGLÉS DE CÁDIZ Y VALDELAGRANA

 


  • COMPRA DE ENTRADAS

  • Compositor: Georges Bizet
  • Libreto: Henri Meilhac y Ludovic Halévy, basado en la novela de Prosper Mérimée
  • Idioma: Francés
  • Subtítulos: Castellano
  • Producción: The Royal Opera
  • Teatro: Royal Opera House, Londres
  • Duración aproximada: 3 horas y 5 minutos (incluye un intermedio)

Equipo artístico

  • Dirección musical: Sesto Quatrini
  • Dirección de escena: Damiano Michieletto
  • Escenografía: Paolo Fantin
  • Vestuario: Carla Teti
  • Diseño de iluminación: Alessandro Carletti
  • Coreografía: Chiara Vecchi
  • Orquesta: Orchestra of the Royal Opera House
  • Coro: Chorus of the Royal Opera

Reparto principal

  • Carmen: Ginger Costa-Jackson
  • Don José: Russell Thomas
  • Micaëla: Adriana González
  • Escamillo: Łukasz Goliński

Sinopsis En una plaza de Sevilla, la apasionada y libre Carmen cautiva al soldado Don José, desencadenando una historia de amor, obsesión y celos que acabará conduciendo a un desenlace trágico. Frente a la estabilidad que representa Micaëla y al éxito del torero Escamillo, Don José se verá arrastrado por una pasión que terminará destruyendo la vida de ambos.

La producción La aclamada producción de Damiano Michieletto traslada la acción a una España contemporánea y presenta la historia desde una nueva perspectiva dramática. A través de un lenguaje visual actual, la puesta en escena pone el foco en la violencia de género y en el ciclo de abuso que conduce al trágico desenlace de la obra, ofreciendo una lectura renovada de la ópera de Bizet. Con una propuesta escénica de gran fuerza teatral y un enfoque cinematográfico, esta producción se ha consolidado como una de las versiones más relevantes de Carmen en el repertorio reciente de The Royal Opera.

Aspectos destacados

  • Retransmisión en directo desde la Royal Opera House de Londres.
  • Producción de Damiano Michieletto, con una lectura contemporánea de la obra.
  • Dirección musical de Sesto Quatrini.
  • Reparto encabezado por Ginger Costa-Jackson, Russell Thomas, Adriana González y Łukasz Goliński.
  • Cantada en francés con subtítulos en castellano.

viernes, 30 de octubre de 2026

Viernes 6 de noviembre a las 21.00h Santa y Apostólica Iglesia Catedral de Cádiz.


Concierto en memoria del amigo y compañero de la orquesta, Aníbal Soriano (q.e.p.d.), en el que los solistas de la orquesta interpretaran, junto al Conjunto Vocal Virelay, el Membra Jesu Nostri de Dietrich Buxtehude. 

Viernes 6 de noviembre a las 21.00h  

Santa y Apostólica Iglesia Catedral de Cádiz. 

Entrada libre hasta completar aforo.

martes, 27 de octubre de 2026

El sentido de la vida en los mayores


Recientemente, la plataforma Som Salut Mental 360 ha elaborado el informe Miradas. Respuestas a los desafíos de la salud mental en las personas mayores, documento impulsado por la orden hospitalaria San Juan de Dios España y la Fundación  Hospitalarias. 65YMAS se ha hecho eco de esta publicación en un artículo firmado por el periodista Noel Castro.

En el informe se destacan, entre otras cuestiones, los determinantes psicosociales de la salud mental de las personas mayores, tema al que el profesor Manuel Sánchez Pérez, director de la Cátedra de Psicogeriatría UAB-FH y presidente de la Sociedad Española de Psicogeriatría, dedica un apartado. Sánchez escribe que la soledad y el aislamiento social se asocian con una peor salud mental y física, incluidos el alcohol y el abuso de drogas, tendencias suicidas, mala nutrición, estilo de vida sedentario, trastornos del sueño y empeoramiento funcional global. Y, más adelante, agrega un punto que, en mi opinión, es de especial relevancia: el sentido de la vida. Este se podría definir como el valor y la importancia atribuida a la propia vida y el significado central de la propia existencia personal.  El significado de la vida influye en el bienestar psicológico, el optimismo, la satisfacción con la vida, la autoeficacia, así como la salud física y mental. Las personas con un alto nivel de significado en la vida presentan más felicidad, menos depresión, ansiedad y estrés, señala Sánchez Pérez.

Preguntarnos por el sentido de la vida es interrogarnos sobre aquello que nos ayuda a vivir aun cuando nos encontremos frente a circunstancias absolutamente adversas o trágicas, como las que sufrió el psicólogo Víctor Frankl, prisionero en el campo de concentración de Auschwitz. Frankl escribió un libro, El hombre en busca de sentido, publicado en España en el año 1979, en el que explicaba su experiencia en el campo de exterminio. En el prólogo, escrito por Gordon W. Allport, se escribe que Frankl sintió en su propio ser lo que significaba una existencia desnuda. Transcribo las palabras del autor: “Literalmente hablando, lo único que poseíamos era nuestra existencia desnuda. ¿Qué otra cosa nos quedaba que pudiera ser un nexo material con nuestra existencia anterior? Por lo que a mí se refiere, tenía mis gafas y mi cinturón, que posteriormente hube de cambiar por un pedazo de pan”. De esa existencia anterior cabe añadir que Frankl había perdido a sus familiares más próximos: sus padres, su hermano, incluso su esposa, habían muerto en los campos de concentración o fueron enviados a las cámaras de gas, de tal suerte que, salvo una hermana, todos perecieron. ¿Cómo pudo él —que todo lo había perdido, que había visto destruir todo lo que valía la pena, que padeció hambre, frío, brutalidades sin fin, que tantas veces estuvo a punto del exterminio—, cómo pudo aceptar que la vida fuera digna de vivirla?

En efecto, ¿qué puede hacer un ser humano cuando, de pronto, se da cuenta de que no tiene "nada que perder excepto su ridícula vida desnuda"? Pero, ¿acaso no es esta la realidad de los niños de Gaza, del Cuerno de África o del Sahel? ¿Qué sentido puede tener para ellos la vida cuando el hambre sacude sus estómagos vacíos? Y, situándonos en los mayores, ¿qué sentido darle a la propia vida cuando lo han perdido todo o casi todo, cuando están solos en su vivienda o en la residencia, cuando ya no reciben visitas ni nadie se acuerda de ellos salvo, eso sí, cuando unos voluntarios de Cruz Roja o de Amigos de los mayores, llaman a su puerta para desearles feliz Navidad?

Sí, la vida conlleva sufrimiento, incluso para aquellos billonarios que sueñan con organizar viajes a Marte. Tampoco ellos, unos pocos, están a salvo del sufrimiento, pero, como alguien escribió, sobrevivir es hallarle sentido al sufrimiento. Sin embargo, nadie puede decirle a nadie en qué consiste este objeto: cada uno debe hallarlo por sí mismo y aceptar la responsabilidad que su respuesta le dicta. Si triunfa en el empeño, seguirá desarrollándose a pesar de todas las indignidades. Frankl gustaba de citar a Nietzsche: "Quien tiene un por qué para vivir, encontrará casi siempre el cómo".

Sí, y ese cómo no puede desligarse de otro concepto relevante: el sentimiento de comunidad, desarrollado por Alfred Adler, discípulo de Freud. Adler escribió que al llegar al mundo no encontramos en él sino aquello con que nuestros antepasados han contribuido a la evolución y al progreso de la humanidad y que ya este mero hecho bastaría para ilustrarnos sobre el modo de fluir de la vida y sobre la manera cómo nos acercamos a un estado en que cada vez son mayores las aportaciones al bienestar común, en que la capacidad de cooperación crece de día en día y que el individuo se siente, en mayor grado que antes, como parte de una totalidad.

Claro que, para que esto sea factible, para que todo ser humano, aun cuando haya cumplido noventa años y su salud se halle en estado precario, se pueda beneficiar de ese sentimiento de comunidad, es necesario, en mi opinión, que otros le reconozcan lo que ha aportado, y no me refiero a que deba colocarse su nombre en la placa de una calle o plaza, sino al hecho de que desde su más próximo entorno se le tenga en cuenta, que se le llame por su nombre y no por el número de cama que ocupa en una residencia o centro sociosanitario, que sus familiares le recuerden aquel día en que se reunieron todos alrededor de una mesa para celebrar un aniversario, no necesariamente el de él o ella; que, de vez en cuando, alguien le hable de aquellos días en los que compartieron alegrías o sufrimientos. En definitiva, que alguien o algunos le hagan sentir que sigue vivo y que forma parte de la comunidad. Ese “ser para otros” es la base, el fundamento de todo sentido de vida, es lo que nos sostiene, lo que nos hace decirnos a nosotros mismos: “¡Qué alegría, hoy también puedo ver el sol!”.