Los amigos jubilados entran en escena dispuestos a hablar de uno de los miles de negocios que quieren emprender. Pero la conversación se enreda con continuas interrupciones de repartidores telefónicos, historias sobre los 'achaques' de unos y otros, e incluso sobre las crisis de pareja... Esta es solo una pincelada de los temas que trata la nueva comedia teatral El Jubilado, que ha llegado al Teatro Amaya de Madrid @teatroamaya) este mes de junio para abordar el tránsito a la jubilación desde un punto de vista irónico, pero también de denuncia social para reinvindicar que esta etapa se viva "con pensión, pero sin presión", como dice uno de sus personajes. Las funciones tendrán lugar los próximos martes 16 y 23 de junio, con descuentos especiales por el Mes del Mayores. "Si estás jubilado o te vas a jubilar, esta función es para tí, 90 minutos diciendo lo que tú piensas todos los días", aseguran sus promotores.
La obra gira en torno a las vivencias de Fernando, un arquitecto recién retirado que convive con su mujer, Carmen, 20 años más joven y envuelta en plena vorágine laboral, que sirve para explorar la jubilación desde el humor, pero poniendo en valor que esta etapa vital "no es un final, sino un nuevo comienzo lleno de posibilidades", señalan sus productores Gómez y Cruzado Producciones. Creada por Leoncio López, dirigida por Esperanza Lemos (@esperanzalemos), y protagonizada por actores sénior, que incluyen a Pepe Carabias (78 años), Leo Washington (72 años) y Miranda Collado (57 años), la pieza cuenta además con al apoyo de la Confederación Española de Organizaciones de Mayores (CEOMA), que ha destacado el rol de la pieza para desmontar estereotipos edadistas relacionados con la jubilación.

Reinvención en primera persona: "Yo era arquitecto y ahora me dedico al teatro"
La función es el reflejo de la transformación vital de su propio protagonista y productor, Javier Gómez-Pioz, conocido artísticamente como Leo Washington, que se jubiló hace casi un año a sus más de 70 años. "Yo era arquitecto. Y ahora me he reinventado en productor teatral y actor", cuenta a 65YMÁS, mientras nos confirma que el guión está inspirado en él. Frente a la imagen de una jubilación pasiva, Gómez-Pioz defiende una actitud decidida. "Hay que jubilarse con decisión, sin titubeos. O te jubilas o no te jubilas, pero nada de prejubilarse, nada de dar de comer a la mitad de las palomas en el parque ni esas cosas", comenta con humor. "A mi me ha tocado jubilarme, pero es que yo me siento insolentemente joven".
Una visión enérgica que comparte su compañero de reparto, el incombustible Pepe Carabias, que a sus 78 está preparando tres obras de teatro al mismo tiempo. "A todo el mundo que se vaya a jubilar, que no piense que ya se va a convertir en un viejecito. Queda una segunda vida en la que se puede estudiar, leer, viajar...". Una filosofía de vida que rodea la obra teatral y que ejemplifica con una de las frases de su personaje. "La jubilación es el momento de decir 'stop' a la presión y hola a la pensión y a vivir". Esa segunda vida exige, según el propio Javier Gómez-Pioz, buscar nuevos horizontes, puesto que a la generación actual le "quedan muchos años por delante de vida y hay que replantearse, hay como que reinventarse".

La autoexigencia de "estar siempre ocupados"
Su socia, la actriz y productora Marisa Cruzado (cuyo nombre artístico es Miranda Collado), traslada este mensaje de reinvención al terreno de la justicia social y poner en valor el talento sénior. Cruzado explica que "esta obra nace del deseo de contar, con humor y verdad, lo que rara vez se dice en voz alta, que la jubilación es un terremoto emocional, social y familiar". Por ello, desde el escenario exigen "que no se nos excluya a los mayores, a los jubilados, sino que al contrario se nos reconozca lo que hemos aportado, primero, y segundo todo lo que tenemos por aportar".
Este deseo de seguir aportando late con fuerza en Javier Gómez-Pioz, quien reconoce no obstante que a su personaje "quizás se le vaya de las manos". La directora de la obra, Esperanza Lemos que califica la función de "deliciosa y muy bien escrita", ha querido poner de manifiesto la vitalidad de muchos jubilados, pero también la autoexigencia continua del mundo en el que vivimos. "La función expone el problema de autoexigencia de estar siempre ocupados incluso cuando estamos jubilados", y critica una inercia moderna en la que "se nos está imponiendo que si no estás haciendo algo, eres inútil". La directora alerta de que vivimos en un mundo en el que "no cabe el descanso, la contemplación, la calma", e invita a que reflexionemos para que esto cambie.

"La vida no se acaba tras la jubilación"
Para dar forma a todas estas inquietudes, el equipo confió en el guionista Leoncio López, quien recuerda que el texto empezó como un monólogo, pero pronto vieron que "tenía posibilidades de llegar más lejos". De este modo, la historia se convirtió en una comedia de contrastes que refleja perfectamente "cómo la misma vida se puede ver de dos modos muy distintos", contraponiendo la ilusión del que ya goza de su jubilación con la ansiedad de quienes siguen inmersos en la vorágine laboral.
"Se trata de lanzar el mensaje de que la vida no se acaba cuando te jubilas", ha señalado López, "pero hay que ajustarse". La función también pone sobre la mesa la paradoja de muchos jubilados que "no tienen tiempo" y se preguntan cómo hacían antes, cuando dedicaban 8 horas al trabajo. Con todo, López destaca que el personaje principal de la obra "pasa del desconcierto inicial a darse cuenta de que puede disfrutar de las cosas que realmente quiere hacer". Con este crisol de voces interconectadas, El Jubilado demuestra que las arrugas solo son el reflejo de la experiencia, ante la que se abre un nuevo horizonte por explorar, libre de ataduras, al menos profesionales.




