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miércoles, 2 de noviembre de 2022

HOY ES EL DIA DE LOS FIELES DIFUNTOS


Reflexión para este día:

Para este día no tengo flores ni altar, no prenderé velas ni haré oraciones, de hecho no tengo muertos en la familia, tengo personas que se han ido, pero que su sangre fluye por mis venas, que siguen aquí, conmigo, en mis recuerdos.

No habrá calaveras ni flores, tan sólo festejos por haber convivido con personas valiosas que sólo se adelantaron a la presencia de DIOS.

Para este día no tengo lágrimas, tengo agradecimiento,  no hay tristezas (un poquito de nostalgia) sólo recuerdos, si algo yace en mis sepulcros familiares son evidencias de quienes aún dan vida a mi vida con su legado.

No usaré este día para meditar sobre la muerte, agradeceré la oportunidad de la vida, en mi casa todos son bienvenidos, sobretodo los recuerdos de las personas que ya no están físicamente.

Para este día de muertos no adornaré la casa con motivos fúnebres, abriré mis cortinas para que la bendición del sol entre y acaricie mi vida.

Para este día de muertos hablare directamente con DIOS para pedirle por mis vivos.

Para este día y para el resto de mis días, pensaré en la muerte para valorar la vida, mi ofrenda será tratar de ser mejor y mi incienso una sonrisa sincera para los demás.

Para este día de muertos abrazaré aquellos que tienen muerta la esperanza, que han perdido la paz o se les murió la fe.

Para este día tengo tantas gracias que dar, un requiém a mi tristeza y un epitafio en mi puerta que diga:

“Aquí yace y vive una persona que no quiere morir en vida"

domingo, 1 de noviembre de 2020

MÚSICA PARA LA ETERNIDAD Y PARA LA ESPERANZA. EN EL DÍA DE HOY DE TODOS LOS SANTOS Y DE MAÑANA DE LOS FIELES DIFUNTOS




Mis queridos estudiantes del AUM:
 
Al día de hoy, de todos los Santos, le sucede el día de los difuntos, a punto de iniciarse mientras escribo estas líneas. Disfrutamos de un sol propio de verano, pero el cielo suele llorar en ambos días y la bendita lluvia penetra en nuestro espíritu y nos hace sentir algo más de la vida con sus luces y sombras.
 
  En estas celebraciones en tiempo de pandemia, ¿quién está libre de haber sentido la congoja de una pérdida, la pérdida de un ser querido?. Es difícil encontrar calificativos para esta verdad absoluta de la vida que es la muerte. Si la persona querida es anciana, ha vivido bien y suficiente tiempo, solemos calificar su muerte de “natural” con el objeto de consolarnos. Si hablamos de pérdidas por atentados, desastres naturales o accidentes, solemos calificar las muertes de “aterradoras” o “inexplicables” porque al dolor de la pérdida se añade el factor sorpresivo y el desconsuelo parece insuperable. Pero la pérdida más cruel a mi modo de ver es la de un hijo o una hija. Aquí ya los calificativos de “antinatural” y “brutal” quedan cortos si pensamos que no hay palabra en el diccionario que recoja tan terrible acontecimiento. Si una persona pierde a su madre o a su padre queda huérfano, si pierde a su pareja queda viudo o viuda … ¿y si pierde a su hijo? Un abismo se levanta ante él. Afortunadamente y frente a estos infortunios de la vida existen maravillas como la música, bálsamo que ayuda a cicatrizar las heridas del alma y a fortalecer el espíritu.

En el día de hoy os invito a escuchar algunas de las obras maestras creadas para este fin por nuestros grandes compositores. Para pensar en el misterio de la vida y la muerte, al margen de nuestras creencias, se requiere emoción interior, profundidad y una enorme humildad ante la grandeza de todo lo que nos rodea … y eso es lo que siento en estos momentos al escuchar el Ave Verum Corpus de Mozart K618 dirigido con recogimiento y devoción por Leonard Bernstein; o al contemplar una vez más a Andrea Bocelli cantando este Ave Verum en el funeral de Luciano Pavarotti (6 de septiembre de 2007). El acento dulce y triste de esta pieza refleja para mí la aflicción que cualquier madre podría hallar ante el cuerpo inerte de su hijo. Al escucharla se puede reencontrar una ternura “antigua”, perdida y olvidada en nuestros corazones. El Ave Verum de William Byrd, es otra delicia que podéis escuchar en la Red, interpretado por un cuarteto de solistas, por un coro en la catedral de Canterbury, … transporta igualmente nuestro espíritu y nos hace detenernos en un tiempo, tan penetrante como el poder de la vida o tan eterno como la muerte.
 
Y después de “abrir boca” con el Ave Verum, os recomendaría el Requiem de Mozart en Re menor, K 626, que nos transporta y eleva a lo etéreo. Es conmovedor en cualquiera de sus partes: El Dies Irae, el Confutatis, el Lacrimosa,  escrito por el compositor en su lecho de muerte, presenta una extraordinaria fuerza expresiva que refleja la genialidad de su creador. Esta obra inacabada parece un testamento espiritual que habla del profundo cambio del ser humano ante el misterio de la muerte.Personalmente, destacaría la versión de Jordi Savall, grabación realizada para el Concierto de las Naciones en la Capilla Real de Cataluña, con una concepción de interpretación en la que se cuidan las condiciones propias de la época en que se escribió: instrumentos de época con afinación a 430 hz., solistas y conjunto vocal reducido a 20 participantes con las voces cansadas para revivir el fervor católico y la esperanza de la misericordia divina. Me resisto hoy a colocar enlaces en el texto, a “hipervincularlo” pues son tantas las versiones de estas joyas musicales que os propongo, y es tan fácil llegar a ellas escribiendo en Youtube Requiem o Ave Verum, que dejo a vuestro criterio elegir la que más se ajuste a vuestro tempo interior y personalidad.
Y para terminar, os aconsejo contrastar este Requiem en sus múltiples versiones con los de otros compositores como Verdi, Brahms, Fauré o Britten y disfrutar de la “eternidad” de música apropiada para este día en versiones de calidad que nos ofrece la Red.
Post inspirado en el de nuestra compañera de la Facultad de Educación Sara Román en el Blog de Comunicar.

Ave Verum Corpus (Mozart) - King's College, Cambridge  
  Mozart Ave Verum Corpus por Leonard Bernstein