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martes, 8 de marzo de 2022

MANOS UNIDAS. Alcanzar la equidad entre hombres y mujeres, una lucha en todos los rincones del planeta

 


Con motivo del Día Internacional de la Mujer, que se celebra el 8 de marzo, Manos Unidas quiere poner el foco en las mujeres empobrecidas, las más vulnerables y castigadas por la desigualdad imperante en el mundo, que condena al hambre y la pobreza a millones de personas. Una desigualdad que la ONG de la Iglesia católica está denunciando con su campaña «Nuestra indiferencia los condena al olvido».

Manos Unidas entiende la desigualdad como algo que va más allá de un desequilibrio económico y que reúne, al menos, tres características: discriminación en las oportunidades de vida, persistencia de las inequidades y el profundo deterioro en las condiciones para una vida digna. Estas desigualdades afectan principalmente a las mujeres y a las niñas, que siempre ven más vulnerados sus derechos y están más expuestas a las consecuencias que sobre sus vidas puede tener esa inequidad.

«Aunque las mujeres representan la mitad de la población mundial y, teóricamente, tienen los mismos derechos y deberes, y la misma dignidad que los hombres, en ningún lugar del mundo, ni siquiera en las sociedades más avanzadas, han conseguido la deseada igualdad», asegura María José Hernando, del departamento de Estudios de Manos Unidas.

Para hacer frente a estas situaciones discriminatorias, Manos Unidas reivindica la igualdad de derechos entre hombres y mujeres y trabaja por la erradicación de prácticas ancestrales como el matrimonio forzado o la ablación genital femenina. «Desde nuestros orígenes, la mujer ha sido eje transversal de todas nuestras iniciativas, pero tenemos, además, proyectos especialmente dirigidos a trabajar la equidad desde todos los ámbitos”, explica Encarni Escobar, del área de Proyectos de la ONG.

sábado, 6 de marzo de 2021

HOMENAJE A LA MUJER, por José Antonio Hernández Guerrero


 En el día dedicado a la mujer me siento en la necesidad y en la obligación de mostrar mi respeto, mi admiración y mi agradecimiento a una mujer concreta en la que resumo las cualidades de todas las mujeres con las que he convivido, con las que he trabajado y de las que he aprendido. Confieso con todo descaro que de todas ellas he aprendido a vivir, a crecer y a disfrutar. Hoy -os pido que me perdonéis- no me refiero, aunque también las aplaudo, a esas mujeres que los medios de comunicación presentan como modelos ejemplares de la lucha por reivindicar sus derechos humanos. Dedico mi homenaje a una mujer concreta que, con sus comportamientos, más que con sus discursos, me ha acostumbrado a escuchar, a contemplar y a meditar, a calibrar la importancia de los asuntos menudos y a interpretar los papeles secundarios a los que no solía dar importancia.

Hoy menciono, sin decir su nombre, a quien sin reservarse tiempo alguno y sin pretender destacar, con su lucidez, con su modestia y con su firmeza, ha contribuido, de una manera decisiva, para que realizáramos y culmináramos las tareas familiares y profesionales de las que, sin duda alguna, ella es la autora y la protagonista principal. Lo menos que puedo hacer es reconocer cómo, a veces sólo con su mirada limpia, refleja el resplandor directo de la satisfacción que ella experimenta por el “privilegio”, como dice ella, de acompañar en los momentos de alegría compartida y participar en las situaciones dolorosas logrando que la vida en común transcurra con dignidad.

Estas son las razones que, a mi juicio, explican la marea de respeto y de cariño que, inevitablemente, desbordan mi capacidad para explicar mi alegría y mi agradecimiento. Ante su grandeza y ante su sencillez sólo caben el asombro y el estremecimiento; sobran las palabras.