Mostrando entradas con la etiqueta HERNANDEZ. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta HERNANDEZ. Mostrar todas las entradas

viernes, 29 de abril de 2022

EL MISTERIO DE LA VIDA HUMANA: UNA PASIÓN INCONTENIBLE QUE REZUMA AMOR, por José Antonio Hernández Guerrero

 


Aunque no podemos afirmar que los estilos literarios coinciden necesariamente con el perfil humano de sus autores, a través de la lectura de Rincón de sombras podemos identificar los contenidos y los ecos más hondos de las vivencias interiores de José Joaquín León, un poeta que nos descubre los significados sugerentes del paisaje y que nos orienta y nos estimula para que amemos la tierra, para que salvemos la humanidad y, sobre todo, para que vivamos la vida. Gracias a la transparencia de sus palabras, podemos sentir y con-sentir, las vibraciones íntimas de los episodios vitales y los fondos misteriosos de su conciencia humana. En mi opinión, la calidad poética de estos textos radica en la agudeza con la que penetra en el misterio de su conciencia e indaga en el sentido de sus trascendentes aspiraciones.


Desde sus primeros versos en los que expresa cómo la vida humana es la asunción y la superación de la esencial paradoja entre el todo y la nada, entre la afirmación y la negación, entre la ficción y la realidad, entre los valles y las montañas, entre el cielo y el infierno, nos descubre cómo la vida se define por la muerte y la muerte por la vida. Esta obra –que aplica los procedimientos estilísticos de las creaciones clásicas– nos descubre y nos describe como la literatura es la constatación y la superación de la paradoja humana: un puro misterio de contradicción.


Fíjense en la habilidad con la que opone, conjuga y armoniza el “nacimiento” y la “muerte”, el “frío” y el “calor”, el “tiempo” y la “eternidad”, el “océano” sin “agua”, el “cielo” y el “infierno”, la “ficción” y la “realidad”, la “guerra” y la “paz”, la “gloria” y la “humillación”, el “amo” y el “esclavo”. La razón profunda de las sorpresas y de las emociones que nos generan estos versos es la fuerza con la que nos muestran esa contradicción vital que, en última instancia, es trascendida por la unión -“misterio de comunión”- que hace posible el “fuego frío” porque “el sabor entre almibarado y ácido borra la distancia/antaño lejanísima de la virtud y el pecado”.


Ésta es, a mi juicio, la clave que explica ese interés vital que sus versos nos despiertan acertando con los senderos que conducen directamente a nuestras entrañas. No es extraño, por lo tanto, que mediante estos “latidos luminosos”, logre abrir unos surcos generosos que conectan con nuestras diferentes sensibilidades y son capaces de serenar nuestros ánimos. Este poemario constituye, a mi juicio, una muestra de poesía, de la poesía de siempre y, por lo tanto, de la poesía actual. Gracias a su mirada aguda, los espacios y los objetos se transforman en tiempo, y el tiempo -medido, sentido y vivido- se convierte en música y en poesía. Ésta es la clave por la que este es un libro que nos hace latir, recordar e imaginar porque, efectivamente, aunque “El paisaje es anacrónico, histérico, /con una carga natural que rezuma belleza, / eleva, mantiene y desciende el ánimo/ al compás fijo de su lenta cadencia/. Lucecita titilantes en una noche húmeda, / creada para gozarla acompañados./ Yo con ella, ella conmigo, / y el amor en el centro, entre ambos”.


Estos versos constituyen estimulantes bocanadas de aire saludable que purifican nuestro espíritu y nos ayudan para que, repasando y repensando nuestras vidas, reflexionemos sobre las cosas importantes, esas que nos hacen sentir y emocionarnos, disfrutar y sufrir, llorar y reír: son enjundiosas y saludables píldoras que, elaboradas con los jugos extraídos de las experiencias cotidianas y procesadas con unos extractos que el autor ha alambicado a través de una serena meditación, contienen una notable energía nutritiva y un singular poder curativo. Con este Rincón de sombras José Joaquín nos regala una fórmula para desentrañar e interpretar el misterio de la vida humana: “una creencia armoniosa y desgarrada,/ pasión incontenible que rezuma amor”.



[José Joaquín León
Rincón de sombras
España y México, Editorial Kolaval, 2022].


jueves, 1 de octubre de 2020

EL DIFÍCIL ARTE DE LA CONVERSACIÓN. Por JA Hernández


Tras comentar el último artículo sobre la imprescindible necesidad de aprender a escuchar para establecer una buena comunicación, Agustín nos propone que conversemos sobre el difícil e importante arte de la “conversación”. Nos recuerda que aprendemos a hablar de manera natural en nuestros hogares. Después -nos dice-, en los diferentes niveles de la enseñanza, mejoramos la pronunciación y la gramática, enriquecemos el vocabulario y la escritura. Pero, sin embargo, “no le damos importancia ni dedicamos tiempo a aprender a conversar”. Aunque al principio nos sorprende su propuesta, pronto coincidimos en que conocemos a personas que hablan en público de manera brillante y escriben apasionantes novelas, pero son unos aburridísimos conversadores.


En mi opinión, una de las razones de esta “incompetencia” para conversar reside en la dificultad que tienen algunos profesionales -profesores, médicos, políticos, sacerdotes o abogados-, para escuchar atentamente a los demás. No han aprendido que la conversación es un encuentro en el que damos y recibimos, escuchamos y hablamos. Para que sea una verdadera conversación es imprescindible que intercambiemos experiencias en un plano de igualdad y situados todos en el mismo nivel. Es imposible conversar con quien está encaramado encima de una tarima, de una cátedra o de un púlpito. Antonio nos explica que conversar no consiste, como algunos afirman, en emitir y en recibir informaciones, sino en intercambiar experiencias sobre diferentes maneras de percibir y de vivir unos hechos compartidos. Es ahí donde reside la importancia de la conversación como senda para conocernos a nosotros mismos y como ocasión para contrastar nuestra visión de la realidad con las personas próximas, en un clima de cordialidad.


Para conversar necesitamos, efectivamente, activar todos los sentidos porque, para comprender el significado de las palabras de nuestros interlocutores necesitamos no sólo escucharlos sino también ver los movimientos de sus brazos y de sus manos y, sobre todo, advertir las expresiones de sus caras, de sus ojos y de sus labios. Me atrevo a decir algo más: es imprescindible “escuchar” pero también, en cierta medida, ver, oír, oler, gustar y tocar porque nuestras palabras no cumplen plenamente su función hasta que logramos captar las resonancias que han producido en la persona con las que conversamos. Por eso los especialistas coinciden en que, en los mensajes por teléfono, WhatsApp o chats, perdemos una elevada cantidad de matices que son necesarios para establecer una verdadera conversación.

PARA LEER MÁS ARTÍCULOS DE JOSÉ ANTONIO HERNÁNDEZ