Ayer, lunes 21 de septiembre, se celebró el Día Mundial del Alzheimer. Y con él vuelve una idea que asusta a mucha gente: la de que todo está escrito de antemano, en los genes, sin nada que hacer. No es así del todo.
Los organismos que estudian esta enfermedad coinciden en algo esperanzador: una parte del riesgo no viene de herencia, sino de cosas que se deciden cada día, en casa y sin bata blanca. Y sobre esa parte, usted sí manda.
Conviene decirlo con prudencia. Nada de lo que sigue evita ni cura el alzhéimer. Cuidar estos hábitos puede ayudar a reducir el riesgo, que no es lo mismo. Y quien valora su caso concreto es siempre su médico. Dicho esto, veamos qué hay en su mano.
Los factores que sí puede cuidar
La Organización Mundial de la Salud señala una lista de factores de riesgo que se pueden corregir. No son secretos. Son cosas de toda la vida, y esa es la buena noticia:
- La tensión arterial. Tenerla controlada cuida el corazón y también la cabeza. Tómesela de vez en cuando y siga el tratamiento que le hayan pautado.
- El sedentarismo. Moverse a diario cuenta. No hace falta gimnasio: un paseo de veinte o treinta minutos, lo que se tarda en bajar a por el pan y volver dando un rodeo.
- El tabaco y el alcohol. Dejar de fumar suma a cualquier edad. Y con el alcohol, cuanto menos, mejor.
- La diabetes. Llevar el azúcar a raya protege más de lo que parece.
- El sueño. Dormir bien no es un lujo. Descansar de forma regular ayuda al cerebro a repararse cada noche.
- El aislamiento. La conversación, la partida de cartas, la llamada a un hijo o la charla en el banco de la plaza también cuentan. Estar acompañado protege.
Ninguno exige heroicidades: se trata de constancia, no de grandes cambios de un día para otro.
La audición: el audífono que se queda en el cajón
De toda la lista, hay uno que merece párrafo aparte, porque pesa más de lo que la gente cree y, a la vez, es de los más fáciles de corregir: la audición no tratada.
Cuando se oye mal y no se pone remedio, el cerebro se esfuerza el doble por seguir una conversación. Y, poco a poco, muchas personas dejan de hablar con los demás. Dejan de salir. Se aíslan sin darse cuenta. Ese aislamiento es, precisamente, otro de los factores de riesgo.
Aquí está el detalle que tantas veces se pasa por alto. No basta con tener el audífono. Hay que ponérselo. El aparato que lleva meses en el cajón de la mesilla, porque «pita», porque «molesta» o porque «para lo que oigo en casa»… no protege a nadie guardado.
Importante: si oye peor que antes, coméntelo en su próxima consulta. Corregir la audición a tiempo es de las cosas más sencillas y con más recorrido que puede hacer por su cabeza.
Cómo empezar sin agobiarse
No intente cambiarlo todo esta semana. Elija un solo hábito, el que note más flojo, y empiece por ahí.
Quizá sea salir a caminar cada mañana, o pedir cita para revisar el oído, o simplemente llamar más a menudo a quien hace tiempo que no llama. Cuando ese gesto se le haga natural, añada el siguiente.
En España, la Confederación Española de Alzheimer (CEAFA) acompaña a las familias y ofrece información de confianza. Su médico de cabecera es el primer sitio al que acudir con cualquier duda. No para alarmarse. Para preguntar con calma.
Porque de eso trata todo esto. No de miedo, sino de tomar las riendas de la parte que sí depende de usted. Que, como ve, no es poca.
Si algo de lo que ha leído le ha hecho pensar en usted o en alguien cercano, no lo deje pasar. Anote una sola cosa que quiera cuidar y coménteselo a su médico en la próxima visita. Ese es el primer paso, y es el más fácil de dar.

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