Los mayores sufren el edadismo del sector asegurador. Especialmente en ramos como el de asistencia sanitaria. Se enfrentan a subidas anuales desorbitadas, ímites de edad que le impide contratar los mejores productos, exclusiones y otras limitaciones. No tienen ninguna duda. Las principales organizaciones de mayores hablan si ambages de edadismo y discriminación.
La Plataforma de Organizaciones de Pacientes (POP) (@pacientesPOP) no se plantea si el sector asegurado tiene o no una intencionalidad discriminatoria. Lo que desde la POP se plantean es si determinadas prácticas del sector asegurador están produciendo efectos desiguales sobre las personas con necesidades crónicas de salud, “particularmente cuando estas concurren con edad avanzada, que resultan difíciles de conciliar con el principio de no discriminación”, explican fuentes de la plataforma a 65YMÁS.
Reconocen que “la tarificación en función del riesgo forma parte de la lógica del negocio” en los seguros de salud. Pero, al mismo tiempo, apuntan a que “la edad opera no como un factor actuarial más, sino como una auténtica barrera de acceso o permanencia que impacta de lleno en quienes, precisamente por su edad, acumulan mayor probabilidad de presentar patologías crónicas o ver agravadas las existentes”.
“Límites de entrada a partir de cierta edad, renovaciones sometidas a condiciones cada vez más gravosas o incrementos de prima de tal magnitud que fuerzan la baja voluntaria afectan con especial intensidad a las personas mayores que conviven con una o varias enfermedades crónicas -una realidad mayoritaria a medida que avanza la edad-”, señalan fuentes de la POP. “Cuando eso sucede -advierten- el resultado práctico es un trato desigual que requiere una revisión más exigente desde la perspectiva de la protección del consumidor vulnerable y los derechos de los y las pacientes”.
Subidas de precios que expulsan a los mayores
Los mayores, y así nos lo trasladan desde las principales asociaciones que agrupan al colectivo, sospechan que detrás de subidas tan abruptas en los premios en cada renovación anual de la prima, podría haber interés en que el colectivo sénior no renueve sus seguros. Para que sean ellos quienes abandonen sus pólizas. “No podemos afirmar que exista una intencionalidad explícita de expulsión”, concede los pacientes. “Pero sí constatar que los efectos de estas subidas son objetivamente expulsivos, particularmente sobre quienes, por edad y condición de salud, más necesitan mantener su cobertura”, subrayan.
“Cuando una persona mayor que convive con una enfermedad crónica —cardiovascular, respiratoria, oncológica, neurodegenerativa…— se enfrenta a incrementos de esa magnitud, especialmente si se repiten en el tiempo o se concentran en determinados tramos de edad, la continuidad en el seguro deja de ser una opción real. No se le rescinde el contrato, pero se le coloca en una situación en la que sostenerlo resulta económicamente insostenible”, lamentan. “Y lo que agrava este escenario es que, a mayor edad y con condiciones de salud preexistentes, la capacidad de encontrar una alternativa en condiciones equivalentes es prácticamente nula. Ninguna aseguradora aceptará sin exclusiones o primas muy elevadas a una persona mayor con patologías crónicas diagnosticadas”, añaden.

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