No sólo las personas sino también las plantas, los animales, no es posible vivir sin convivir. La supervivencia individual exige la compañía y la colaboración. Los seres humanos sabemos que ninguno de nosotros es autosuficiente: todos somos frágiles, débiles, vulnerables y, por lo tanto, interdependientes como personas, como familias, como empresas, como pueblos y como naciones.
Y, además, todos hemos comprobado que el aislamiento nos debilita y puede ser mortal, y que la convivencia y la colaboración son indispensables para la supervivencia individual y colectiva: son unos medios y unos fines en sí mismos. Por eso nos asociamos en grupos o “comunidades” según los intereses, las ideas o las aficiones, y, por eso, la actividad política es necesaria, indispensable e imprescindible.
Necesitamos de los políticos, de personas capacitadas y dispuestas a servir, a ayudar a la sociedad y a cada uno de nosotros para resolver los problemas económicos, sociales y culturales, para resolver los conflictos, las desigualdades de la vida colectiva y para proteger los bienes comunes.

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